El problema no es el adjetivo
Hay adjetivos que pueden ser ciertos y aun así no ayudan a que te entiendan.
“Organizada”, “proactiva”, “resolutiva”, “estratégica” fallan cuando quedan como etiqueta. Sucede que no dicen:
- qué hacés en la práctica
- para qué sirve eso
- con qué se sostiene
Un “Sobre mí” se vuelve sólido cuando el lector puede imaginarte trabajando.
Una regla simple para que el adjetivo tenga valor
Si aparece un adjetivo en tu texto, preguntate:
- ¿Qué acciones concretas lo prueban?
- ¿Qué resultado genera?
- ¿Qué evidencia mínima lo sostiene?
No hace falta escribir largo. Hace falta que exista esa tríada.
Un ejemplo (corto)
En vez de:
- “Soy organizada.”
Que aparezca, aunque sea una vez, algo del estilo:
- “Ordeno prioridades y dejo próximos pasos claros para que el trabajo avance sin idas y vueltas.”
La diferencia es que la segunda frase se puede discutir, se puede observar, y se puede sostener con un hecho real.
Qué suele trabar
Escribir esta traducción una vez es fácil. Sostenerla en todo el texto suele requerir material:
- logros escritos con claridad
- una evidencia mínima (plazo, alcance, antes/después o restricción)
- una audiencia definida (a quién le hablás en serio)
- edición final para que no quede como perfil de manual
Si querés llevarlo a un “Sobre mí” listo para publicar
En Yo Profesional existe un recorrido breve por mail: “Sobre mí en 5 días”. En cinco días salís con tu “Sobre mí” final listo para publicar, construido desde logros reales y con evidencia mínima.
Camila Treffinger - Directora Yo Profesional